¿Por qué las cámaras corporales tenían pantallas frontales al principio?
Cuando la primera generación de cámaras corporales salió al mercado, la mayoría de la gente nunca había visto una antes.
Los fabricantes incorporaron pantallas frontales por una sencilla razón: para que se viera la grabación. La pantalla servía para confirmar que el dispositivo funcionaba y dejaba claro que se estaban grabando imágenes.
En aquel momento, ese enfoque tenía sentido.
Hoy en día, las cámaras corporales gozan de un amplio reconocimiento. Ya sea en las fuerzas del orden, el transporte público, los hospitales, los centros urbanos, los comercios o las operaciones de seguridad, la mayoría de la gente sabe de inmediato qué es una cámara corporal y para qué sirve.
A medida que se fue generalizando el uso de las cámaras corporales, las organizaciones empezaron a plantearse otra pregunta:
¿Qué utilidad práctica sigue teniendo la pantalla?
Para muchos, la respuesta se volvió cada vez más difícil de justificar.
Los retos de las cámaras corporales con pantalla frontal
Lo que parece útil en un folleto del producto puede plantear dificultades inesperadas en situaciones reales.
Uno de los problemas más comunes es la distracción.
Cuando interactúan con el público, la gente siente naturalmente curiosidad por la pantalla. En lugar de fijarse en el agente, el profesional de seguridad o el agente de la autoridad que tienen delante, la atención se desvía hacia la imagen en directo que se muestra en el dispositivo.
En situaciones delicadas, esto puede cambiar bastante la dinámica de una interacción.
Ya sea al tratar con personas vulnerables, en situaciones relacionadas con la salud mental, en intervenciones con jóvenes o en conversaciones delicadas en entornos sanitarios, suele ser importante mantener el contacto humano y el contacto visual. Una pantalla puede acabar, sin querer, acaparando toda la atención.
También hay que tener en cuenta la seguridad.
Cuando la gente ve una imagen en directo de sí misma, suele acercarse para verla mejor. Lo que empieza como simple curiosidad puede reducir rápidamente el espacio personal y aumentar el riesgo de una proximidad física no deseada.
Para los profesionales de primera línea que se enfrentan a situaciones potencialmente conflictivas, rara vez es recomendable animar a la gente a acercarse.
La visibilidad no siempre es una ventaja
Hay otro reto que se hace evidente durante las operaciones vespertinas y nocturnas.
Los agentes de seguridad, los policías y los equipos de intervención suelen trabajar en entornos con poca luz, donde la visibilidad es fundamental.
Una pantalla frontal genera una fuente de luz constante. Aunque la luz pueda parecer insignificante, puede hacer que un agente sea más visible desde lejos y llamar la atención innecesariamente sobre su posición.
Muchas organizaciones han intentado solucionar esto apagando las pantallas cuando es necesario.
En la práctica, sin embargo, esto obliga a los agentes a tener que recordar una acción más en situaciones que pueden resultar estresantes.
Una cámara corporal sin pantalla te ahorra por completo esa decisión.
El dispositivo se mantiene discreto por defecto, aunque indica claramente cuándo está grabando.
¿Qué hacen en cambio las cámaras corporales modernas?
El sector ha dejado de lado en gran medida las pantallas frontales por una razón.
Las cámaras corporales profesionales modernas indican el estado de grabación mediante indicadores LED, alertas por vibración y notificaciones de audio.
El usuario sabe cuándo empieza la grabación.
La gente puede ver claramente que la cámara está encendida.
La pantalla cumple su función sin añadir peso, sin aumentar el consumo de batería y sin distraer.
Una cámara corporal no necesita una pantalla para que se vea la grabación. Los indicadores LED y las señales claras de activación ya proporcionan esa información, al tiempo que permiten que la atención se centre en las personas implicadas.
Lo que ven las organizaciones
Las organizaciones que han pasado a usar cámaras corporales sin pantalla suelen destacar ventajas similares.
Los agentes y el personal de primera línea suelen preferir el diseño más ligero y compacto, sobre todo durante los turnos largos.
La duración de la batería mejora, ya que la pantalla no consume energía constantemente.
La durabilidad aumenta, ya que no hay pantalla que se pueda romper o dañar durante el uso diario o en enfrentamientos físicos.
Muchas organizaciones también señalan una mejor calidad de interacción en entornos sanitarios, de transporte público, de seguridad y de fuerzas del orden, ya que la gente se distrae menos con la tecnología en sí.
Para los equipos que trabajan en condiciones de poca luz, eliminar la pantalla suprime una fuente de luz innecesaria y ayuda a mejorar la seguridad operativa.
¿Por qué ha cambiado el sector?
El cambio hacia las cámaras corporales sin pantalla no es una coincidencia.
Las cámaras corporales profesionales más utilizadas en Europa y Norteamérica ya no llevan pantalla frontal.
Esta evolución es el resultado de años de comentarios sobre el funcionamiento por parte de miles de usuarios que trabajan en entornos reales.
A medida que las organizaciones fueron adquiriendo experiencia con el uso de las cámaras corporales, las prioridades cambiaron. La fiabilidad pasó a ser más importante que la novedad. La eficacia operativa cobró más importancia que las características del producto que parecían atractivas en la ficha técnica.
El resultado es una clara tendencia hacia diseños de cámaras corporales más sencillos, duraderos y prácticos.
Para llevar
A la hora de evaluar una solución de cámaras corporales, vale la pena ir más allá de la lista de características.
Una pantalla frontal puede parecer que aporta valor, pero en la mayoría de los entornos operativos supone un coste adicional, más complejidad, distracciones y posibles riesgos de seguridad, sin ofrecer a cambio ninguna ventaja operativa significativa.
El objetivo original de la pantalla frontal era hacer visible la grabación en una época en la que las cámaras corporales aún no eran muy comunes. Ya no es ese el mundo en el que nos movemos.
Hoy en día, las cámaras corporales profesionales se reconocen al instante, y los indicadores de grabación modernos ofrecen toda la visibilidad necesaria.
Para la mayoría de las organizaciones, la cuestión ya no es si una cámara corporal debería tener una pantalla frontal.
La cuestión es si sigue habiendo alguna razón de peso para que la tenga.