En Holanda se está produciendo una transformación silenciosa pero significativa de la forma en que la policía local mantiene la seguridad de las comunidades. El gobierno ha anunciado una reforma que redefine el trabajo del buitengewoon opsporingsambtenaar (BOA), conocido en español como agente municipal encargado de hacer cumplir la ley.
Estos agentes desempeñan un papel vital en el mantenimiento del orden en los espacios públicos, el transporte público y las zonas naturales. Responden a las quejas por molestias, apoyan a la policía y son el primer punto de contacto para residentes y empresas. A diferencia de la policía, no van armados, y se basan en la comunicación, la profesionalidad y la confianza de los ciudadanos para resolver los conflictos.
La reforma les otorga competencias más claras, funciones preventivas más sólidas y equipos modernos, garantizando que puedan actuar con seguridad, eficacia y responsabilidad.
La seguridad se basa en la confianza, no en la fuerza
Con el nuevo marco, los agentes municipales encargados de hacer cumplir la ley no sólo detectarán y denunciarán las infracciones, sino que también las prevendrán y desescalarán. Podrán intervenir antes, por ejemplo, separando a la gente o pidiendo a los individuos que abandonen una zona, incluso cuando todavía no sea necesaria una multa o una denuncia. Este cambio refuerza la prevención y reduce las dudas sobre el terreno.
Para apoyar esta responsabilidad, la reforma introduce un equipo estándar que se ajusta a sus funciones. Cada agente llevará una radio y unas esposas para garantizar una comunicación y cooperación eficaces con sus colegas y compañeros de policía. Cuando sea necesario, también podrán ir equipados con una cámara corporal, un chaleco protector o, en condiciones estrictas, una porra corta o un spray de pimienta para defensa personal.
Las armas de fuego seguirán estando excluidas de su equipamiento estándar, salvo en raras y remotas situaciones en las que los agentes de la aplicación de la ley verde (guardas de la naturaleza) trabajen lejos del apoyo policial. El principio es claro: los agentes municipales deben dar prioridad a la retirada sobre la confrontación y dejar el uso de la fuerza a la policía.
Un cambio europeo hacia la profesionalidad y la responsabilidad
Holanda no es el único país que se está replanteando el funcionamiento de las fuerzas del orden público desarmadas. En toda Europa, se está equipando y capacitando a los agentes municipales para que actúen con autoridad mediante la visibilidad y la transparencia, y no mediante la fuerza.
En Alemania, el Kommunaler Ordnungsdienst (KOD ) utiliza cámaras corporales para reducir las agresiones y apoyar una aplicación de la ley basada en pruebas. Las evaluaciones realizadas en ciudades como Fráncfort y Mannheim indican un descenso de las agresiones y un aumento de la confianza pública.
En el Reino Unido, los guardias comunitarios y los funcionarios de las administraciones locales informan de resultados similares, con menos enfrentamientos verbales y quejas una vez introducidas las cámaras. En los países nórdicos, los inspectores municipales y de aparcamientos también han comprobado que las cámaras hacen que las interacciones sean más tranquilas y seguras.
Estos ejemplos reflejan un enfoque europeo compartido: reforzar la aplicación de la ley sin armas mediante la confianza, la profesionalidad y la tecnología.
La tecnología como forma de autoridad
Para los agentes desarmados, la autoridad se gana mediante la presencia, la comunicación y la imparcialidad. La cámara corporal refuerza estos valores al proporcionar un registro objetivo y objetivo de los hechos. Apoya a los agentes en su trabajo, disuade las agresiones y garantiza la responsabilidad tanto de los funcionarios como de los ciudadanos.
Utilizada de forma responsable, la cámara corporal no es vigilancia, sino protección mutua. Permite revisar los incidentes con transparencia, apoya el aprendizaje y la formación, y fomenta la confianza entre los ciudadanos y quienes les sirven.
Un modelo de gobernanza moderna
La reforma holandesa refleja una verdad más amplia: la seguridad pública en las sociedades democráticas depende tanto de la confianza como del control. Al aclarar el papel de los agentes municipales, ampliar sus competencias preventivas y dotarles de las herramientas adecuadas, Holanda está construyendo un sistema que da prioridad a la cooperación, la profesionalidad y la transparencia.
No se trata de dar más poder a los agentes desarmados; se trata de darles los medios para realizar su trabajo con seguridad y responsabilidad. Muestra cómo la gobernanza moderna puede proteger tanto a los ciudadanos como a quienes les sirven, no mediante la confrontación, sino mediante la confianza.
En toda Europa, ese mensaje está ganando fuerza: la confianza es la base de la seguridad, y la visibilidad es la forma más fuerte de autoridad.
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